DECÁLOGO DE LOS PREJUICIOS SOBRE EL HOMOSEXUAL

Primer prejuicio

Que la homosexualidad es contraria a la naturaleza, pues pone en peligro de extinción a la especie humana.

Respuesta 1
El mundo por el momento está en peligro por exceso de población y no por falta. Los gobiernos gastan millones en detener la explosión demográfica. Un buen número de elementos no reproductores son bienvenidos, sobre todo si no cuestan nada, como sí cuestan las vasectomías o las ligaduras de trompas y las píldoras anticonceptivas al Seguro Social. En esta misma línea de pensamiento nos podríamos hacer la pregunta: ¿Y si la propia naturaleza tuviera mecanismos que promovieran la homosexualidad de una especie cuando ésta alcanza límites poblacionales peligrosos? Pero no hay en la actualidad más homosexuales que en siglos pasados. Sólo hacen más ruido.

Respuesta 2
De la misma forma se puede responder que si todos tomáramos los hábitos de sacerdote o monja católicos, la humanidad también se extinguiría… Si todos hiciéramos programas de televisión, la humanidad moriría de hambre… Si por el contrario, todos sembráramos trigo, se nos diría evangélicamente que «no sólo de pan vive el hombre» y por supuesto no habría electricidad ni TV para decir tonterías como ésas que se basan en que «si todos fuéramos homosexuales…» etcétera. Cualquier actividad o gusto al que se le aplique el principio de «imaginemos que todos hicieran lo mismo» nos lleva a algún absurdo.

Segundo prejuicio

Que la homosexualidad es contraria a la naturaleza dado que no existe en ella.

Respuesta 1
Hasta en el caso de que la homosexualidad sólo se diera en el ser humano, éste es parte de la naturaleza, luego todo lo que hace está en la naturaleza. Quien niegue esto deberá entonces ser consecuente y llamar actividades contra natura a la composición de sinfonías, la escritura de novelas, la producción de pasteles y por supuesto la transmisión de programas televisivos, tontos o no, sobre la homosexualidad o sobre el día de la madre.

Respuesta 2
Pero tal supuesto es además falso: la conducta homosexual no es exclusiva del humano; está ampliamente difundida y bien documentada en todo el reino animal. Para sostener lo contrario es preciso no sólo ser muy ignorante, sino poco observador, ya que sin leer a Konrad Lorenz, cualquiera puede haber visto perros macho trepándose en el amigo e intentando aparearse. No lo consiguen, pero los monos sí lo hacen y algunos peces también, como también se aparean entre machos los delfines, las iguanas, los lagartos, los gansos, los patos, los toros. El coito anal, como la masturbación, se da entre primates no humanos, o sea changos de todo tipo, hasta en presencia de hembras, esto significa que tiene valores propios y no los simplemente reproductivos, lo cual sabemos desde Freud y nos da paso al

Tercer prejuicio

Que el sexo es para tener hijos.

Respuesta
Si esto fuera cierto, seria una perversión tener relaciones sexuales con una mujer fuera de sus días fértiles o con una que toma píldoras anticonceptivas o con una que se ha hecho ligar las trompas o con una que simplemente no es fértil. Escuchemos a Sigmund Freud: «Si caemos en el error de confundir sexualidad y reproducción, es a causa de haber pasado por la edad infantil y haber sufrido durante ella la influencia de la educación» (Teoría general de las neurosis, p. 2316).

El «argumento» de las flores sabias

Una verdadera joya en la «argumentación» de un ignorante guionista en cierto programa escandaloso de una hora, es la siguiente: Los homosexuales se equivocan de sexo al escoger pareja sexual o al asignarse a sí mismos un sexo; pero «qué pasaría», dice la dramática voz desde su púlpito electrónico, «si por ejemplo una especie de flores se equivocara de sexo y las flores macho pretendieran fertilizar a las flores macho? Pues que esa especie ya habría desaparecido», concluye lógica la Voz.

Respuesta 1
Las flores se equivocan no sólo de sexo, sino de especie, de género y hasta de reino, pues copulan (permítaseme llamar así a lo que nos hacen las flores) hasta con el glorioso redactor de tan profundo guión, y copulan con él por la nariz y por las orejas. Las flores, no distinguen nada, lanzan su polen, equivalente del semen, urbi et orbi, sobre otras flores, sean macho o hembra, sobre animales y piedras, aguas y aires. Las flores copulan con el mundo y su semen, el polen, se nos mete a los humanos por la nariz. El equivalente humano de eso que nos hacen las flores, sería un humano eyaculando dentro de una orquídea. Los hay, no lo duden.

Respuesta 2
Pero, además, la mayoría de los homosexuales no se equivoca asignándose un sexo que no posee. No es un hombre que se siente mujer, aunque los haya. La inmensa mayoría de los homosexuales son hombres que se sienten hombres y a quienes les gustan los hombres. Así de simple. Una alta proporción ha tenido relaciones sexuales con mujeres y muchos, muchísimos, tienen hijos. Lo cual es un argumento más contra la tontería según la cual el homosexual pone en riesgo de extinción a la humanidad: como si nuestro riesgo, repito, no fuera por el momento la sobrepoblación, y no hubiera, añado, la posibilidad de bancos de semen hasta en el disparatado caso, planteado por el guionista, de que «todos fuéramos homosexuales», lo cual ni es posible ni nadie anda proponiendo, salvo, quizá, los que lo deseen en su muy tenebroso inconsciente. Para hacer notorio el absurdo que se desprende necesariamente de su forma de argumentar, repetiré que también, si todos fuéramos guionistas de TV, la humanidad se extinguiría, por hambre en este caso.

Cuarto prejuicio

Que el homosexual es un tipo humano diferente.

Respuesta
Se han buscado explicaciones anatómicas, fisiológicas, hormonales y genéticas, sin encontrar diferencia alguna entre un homosexual y un heterosexual (el que prefiere al sexo opuesto). Una vez que fallaron todas ellas, se recurrió a las explicaciones puramente psicológicas basadas, por supuesto, en diversos tipos de trauma, según cada teoría. Todas han fallado: En cuanto se menciona que un niño se vuelve homosexual por culpa de la madre, salta uno que es huérfano de madre; se culpa al padre, y sale uno que adora a su padre y tiene una magnífica relación con él. Pero, además, ¿quién sería el ser humano que no expondría queja alguna de su padre o de su madre? ¿Y todo el que se queja se vuelve homosexual?
Hay personas que, en efecto, tienen parcialmente ambos sexos. Esto puede tener una causa hormonal, genética o ambas. Se trata de conformaciones anatómicas conocidas por el nombre de hermafroditismo, nombre que viene de Hermes y Afrodita, dioses griegos, hombre y mujer, que parecen reunidos en esa figura que posee los dos sexos: el Hermafrodita, figura mítica, aunque se den casos reales. Pero una cosa es el hermafroditismo, la presencia de los dos sexos en una planta o en un animal (ciertos caracoles, por ejemplo), y hasta en un ser humano de manera ocasional, y otra cosa es la homosexualidad, el gusto por el propio sexo en hombres y mujeres perfectamente normales.

Quinto prejuicio

Que el homosexual se siente mujer (o la lesbiana, hombre).

Respuesta
En algunos casos puede ser verdad. Pero la gran, la inmensa mayoría de los homosexuales son hombres o mujeres muy satisfechos con su sexo, y no pocos hasta lo acentúan. Hay, por supuesto, homosexuales de aspecto femenino; pero también hay heterosexuales (los que prefieren al sexo opuesto) delgados, lampiños y suaves.

Sexto prejuicio

Que el homosexual lo es porque le faltan hormonas masculinas.

Respuesta
Con el descubrimiento de la testosterona, la principal hormona masculina, en 1934, se pensó que en la falta de ésta se encontraría la tan buscada explicación de la homosexualidad. Tampoco fue así. La testosterona es responsable no sólo de la diferenciación de los genitales masculinos y del cerebro durante el desarrollo del feto, sino de los llama dos caracteres sexuales secundarios masculinos: la voz grave, la barba, el vello, la menor cantidad de grasa y su distinta distribución, etcétera, y los homosexuales pueden poseer todas estas características viriles.
Perloff reporta, ya desde 1967, que ningún paciente homosexual exhibe alguna alteración de sus pautas hormonales que pudiera explicar sus tendencias homosexuales: «Nunca hemos comprobado una relación entre la elección del objeto sexual y el nivel de excreción hormonal». (Hormonas y homosexualidad, p. 84).

Séptimo prejuicio

Que el homosexual lo es por un problema genético, o, lo que es lo mismo, que unos nacen y otros se hacen.

Respuesta
Los cromosomas, microscópicos filamentos presentes en el núcleo de todas las células, y cuya función es la de transmitir la información hereditaria, abrieron otra respuesta a las preguntas sobre el origen de la homosexualidad.
En 19 40, Lang planteó que algunos hombres homosexuales eran en realidad «… tipos masculinos intermedios que son genéticamente femeninos, pero han perdido todas las características sexuales morfológicas con excepción de la fórmula cromosomática». O sea mujeres genéticas aprisionadas en cuerpos masculinos. Maravillosa explicación que se adoptaba hasta al sentimiento de algunos homosexuales.
Pero en 1956 Pare sometió a verificación esta teoría empleando la técnica de la determinación cromosómica del sexo. El primer método satisfactorio para estimar el sexo cromosomático (esto es, el sexo «escrito» en los cromosomas de cada célula) fue elaborado por Barr. Se demostró empíricamente que la mayoría de las células femeninas contenían un punto característico en el núcleo. Esta comprobación probó ser válida respecto de todos los tejidos y de todas las especies de mamíferos estudiados . El método es sencillo y consiste en obtener células raspando la mucosa bucal que, una vez teñidas, se examinan al microscopio. Cuando proceden de hembras de mamífero, se observa un punto denso característico de aproximadamente un micrón de diámetro. Así investigó Pare el sexo cromosómico de 50 homosexuales varones. En todos los casos, los núcleos de sus células fueron típicamente masculinos.
En la actualidad, esta prueba se ha generalizado con otros fines: los comités olímpicos la emplean en las atletas para eliminar a cualquier hombre cuyo aspecto externo (incluido el de sus genitales, cuando son muy pequeños) le diera oportunidad de hacerse pasar por mujer. No la emplean en los atletas, pues si una mujer quiere disfrazarse para competir contra ellos, puede hacerlo: allá ella.
Estudios publicados en 1994 presentan nuevos indicios de posibles diferencias genéticas. Están detallados en el capítulo 3.

La respuesta de Freud
En la nota añadida en 1919 a su bella obra titulada Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, señala Sigmund Freud.

[…] todo individuo, aun el más normal, es capaz de elegir un objeto homosexual, ha hecho esta elección alguna vez en su vida y la conserva en lo inconsciente, o se defiende contra ella por enérgicas disposiciones opuestas. Estos dos hechos ponen término a la aspiración de los homosexuales a ser reconocidos como un tercer sexo y también a la diferenciación entre sexualidad innata y sexualidad adquirida […] Hemos de afirmar con sentimiento que los representantes de los homosexuales en la ciencia, no han sabido extraer enseñanza ninguna de los seguros datos proporcionados por el psicoanálisis (p. 1599).

Esto mismo ya lo había dicho antes el propio Freud. En una nota adicionada en 1915 a sus famosísimos Tres ensayos para una teoría sexual, nos dice:

[…] todo individuo es capaz de una elección homosexual de objeto y la ha llevado a cabo, efectivamente, en su inconsciente […] Así pues, en un sentido psicoanalítico, el interés sexual exclusivo del hombre por la mujer constituye también un problema y no algo natural, que se basara en última instancia en alguna atracción química» (p. 1178).

Octavo prejuicio

Que el homosexual lo es por algún trauma.

Respuesta
Cuando a la gente dejó de importarle si la homosexualidad era o no pecado, saltó a la palestra la ciencia y la medicina sostuvo que era enfermedad, ya fuese hormonal (primera hipótesis), o genética (última y más reciente). Fracasó la medicina al intentar la prueba de cualquiera de estas hipótesis: no era ni una cosa ni la otra, aunque estudios más refinados, como los de LeVay y Hamer en 1994, referidos en el capítulo 3, encontraron indicios hasta la fecha no definitivos. Entonces otra ciencia vino en auxilio de la medicina: la psicología. Sostuvo ésta que la homosexualidad podía no ser una enfermedad física, pero sí era en cambio una patología mental causada por un trauma temprano.
El más socorrido de los traumas psicológicos es el supuestamente producido por la combinación de madre fuerte y padre débil o ausente. Pero se ha observado que hay homosexuales que ni madre tienen, mucho menos la tienen fuerte. Y además, hasta en el caso de admitir esa explicación, vea el lector cómo está teñida previa y prejuiciosamente de un valor: es mala esa combinación de padres porque «produce» homosexualidad, luego ésta es mala antes de que lo probemos. O bien, siguiendo exactamente el mismo modelo de pensamiento, deberíamos admitir su opuesto: es malo tener madre débil y padre fuerte porque eso produce heterosexualidad. ¿Verdad que suena raro?

Noveno prejuicio (sólo para creyentes)

Que Dios condena la homosexualidad.

Respuesta
Dejaré la palabra al padre Ricardo Zimbrón, misionero del Espíritu Santo, quien dice en su obra Nuevos enfoques sobre la homosexualidad:

Soy un sacerdote viejo que desde hace más de treinta años escucho a diario las confesiones de mucha gente […] Últimamente, después de tantos años de experiencia, me he preguntado seriamente si la Iglesia ha enfocado el problema de las personas homosexuales con la debida objetividad, porque he llegado a la conclusión de que los confesores no ayudamos en nada a estas personas, más bien aumentamos su angustia y sus conflictos […] Al escribir este breve tratado, siento que estoy pagando una deuda a un buen porcentaje de la grey de Cristo por el cual no había hecho nada, más que, tal vez, empeorar su situación.

Los textos bíblicos
Los textos bíblicos que hablan de la homosexualidad son seis en total, dice el misionero del Espíritu Santo: uno en el Génesis, dos en el Levítico y tres en las cartas de San Pablo.
En el Génesis se narra la destrucción de Sodoma y Gomorra, se nos ha dicho que por su homosexualidad. Pero aclara el padre José L. Muji ca en El homosexual y la Biblia que:

Un caso típico de como el machismo ha influenciado la mentalidad de los estudiosos y aún de las autoridades eclesiásticas, es el clásico caso de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Según sus propias interpretaciones, ambas ciudades fueron destruidas por causa de la homosexualidad. Pero cualquier persona que lea ese pasaje (Génesis, capítulos 18 y 19) encontrará que la homosexualidad no se menciona… La razón por la cual estas ciudades fueron destruidas fue la soberbia, la falta de hospitalidad, la idolatría y la falta de caridad.

El castigo divino les llego a los habitantes de Sodoma porque se prostituían en ritos idolátricos, independientemente de que lo hicieran con el sexo contrario o con el propio, según ambos sacerdotes citados.
Las dos citas del Levítico se siguen blandiendo sobre la cabeza de los homosexuales sin añadir que, además de la homosexualidad, este antiguo libro de la Biblia también prohíbe aparear ganado de diversa especie, sembrar dos clases de semilla en el mismo campo, usar ropa con dos clases distintas de tejido, cortarse el pelo en redondo, cortarse la barba y hacerse tatuajes. ¿Se irán entonces al infierno todos los campesinos mexicanos que siembran maíz y frijol juntos? ¿Y todos los lectores que traigan pantalón de mezclilla y camisa de poliéster? Hum… deberían. Y si esas prohibiciones ya no son válidas y se consideran anticuadas, porque Cristo estableció la Nueva Ley, ¿por qué siguen siendo válidas las referentes a la homosexualidad nada más? Dice el padre Mojica: Cristo Jesús, que es la piedra angular de nuestra fe y la máxima autoridad, no dijo absolutamente nada concerniente al homosexual o a la homosexualidad.

Las cartas de San Pablo
Si Cristo no dijo absolutamente nada contra la homosexualidad al establecer la Nueva Ley que derogaba la de Moisés, la primera pregunta que nos podemos hacer es si San Pablo habría tenido derecho a lanzar tal condena en sus cartas. Pero, además, no lo hizo, según el mismo padre Mojica y el misionero Zimbrón, pues sólo condenó a los heterosexuales que se entregaban a relaciones homosexuales, únicos que iban «contra sus naturalezas». Y sobre el citadísimo párrafo de la carta a los corintios, dice completo: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios».
A lo que señala el padre Mojica que donde se tradujo afeminados y los que se echan con varones hay en el texto del apóstol dos palabras: malakós y arsenokoités que se refieren, de nuevo, a quienes participan en ritos de prostitución idolátrica, como se practicaba en Corinto. Pero no usa en ninguna parte alguna de las muchas palabras griegas para describir lo que ahora llamamos homosexualidad simple y llana.

Décimo prejuicio

Que, como dijo el dirigente nacional del PAN, Diego Fernández de Ceballos, éstos son asuntos para «joteretes».

Respuesta
Gulp.

De La orientación sexual, Paidós.

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Publicado en: General

18 comentarios en “DECÁLOGO DE LOS PREJUICIOS SOBRE EL HOMOSEXUAL

  1. Sin duda, interesante, pero parcial. Ya leí outros artículos del autor, que parece ser «de izquierda» o por lo menos «progresista».
    Lo que me sorprende es la propia falta de tolerancia de la que nos acusa a los católicos. Me explico:
    San Juan Pablo II nos hizo el favor de condensar las enseñazas en una serie de «catequesis de los miércoles» en los 80’s, y que se condensaron en lo que se llama hoy «La Teología del Cuerpo».

    La salvación, la santidad a la que nos llama Jesucristo y de la cual la Iglesia es la guardiana (así, en femenino, pues su lugar es el de Esposa de Cristo) consiste en el amor Charitas (en contraposición al amor Eros o al amor Filios, como explica Benedicto XVI), que es un amor más allá de lo físico y del cariño provocado por una convivencia agradable, o por lazos lógicos. Y este amor integral, total, va en primer lugar a Dios y después a nuestro prójimo.
    En última instancia este amor se traduce en un desapego a todo en este mundo, y al propio mundo. Explicando esto fue que San Pablo aconsejó que era mejor que nadie se casara, pero no lo instituyó como obligación. Entonces la Iglesia a través de muchos de sus pensadores ha insistido en buscar el sano (pero delgado y frágil) equilibrio entre la convivencia amorosa y el desapego de todo aquello (y de las personas) con que convivimos, porque Dios Es mucho más que eso, y al mismo tiempo, totalmente diferente. Jesús lo dijo, en el Paraiso no hay marido y mujer, seremos como ángeles, simplemente disfrutando de la presencia del Señor, y para esto tenemos que prepararnos aquí en este mundo.
    De todo esto es que se desprende el análisis sobre la sexualidad humana.

    Sin duda la Ley Natural nos hace hombres o mujeres, y como prueba, cuando un bebé nace (o en estos tiempos, en el ultrasonido) el médico nos dice «es niño» o «es niña», porque sus características así lo expresan. Pero el hombre tiene la libertad de hacerse lo que quiera, inclusive en discordancia con la realidad. Cuando un hombre construye un edificio, pinta un cuadro, hace una música, etc, pensando en la perfección y la belleza, efectivamente «altera» la naturaleza, pero en armonía y concordancia con ella, adicionándole valor, no quitándoselo. Cuando un hombre asesina, crea un funk carioca o un regaetón, etc., afea la naturaleza, y allí sí, es «anti-natural», como es el sexo anal (incluso entre hombre y mujer) y otros «experimentos».

    Entonces, el autor investiga muchas cosas, pero sólo coloca lo que alimenta sus ideas pre-concebidas. Yo no soy sacerdote, ni teólogo, ni crecí en un ambiente especial. Soy egresado de la UdeG, administrador. Esta información está disponible para todos.

    Como está también la explicación del sexo como con tres facultades (en el catecismo):
    1) Placentero 2) Unitivo 3) Procreativo. Y la doctrina católica depende de ellas. Y así, el sexo no es únicamente para procrear. La fidelidad de la pareja depende de que vivan el sexo como una experiencia placentera y unitiva, que como consecuencia natural puede traer hijos para enriquecer el mundo.

    Si hay miembros de la Iglesia que predican lo contrario, bueno, ya se «caerán» como las frutas podridas de un árbol. La Iglesia depende esto, si esto no hubiera pasado antes, no estaría por cumplir 2000 años invitándonos a seguir a Cristo y salvarnos.

    1. Y, si me permiten, en línea con esto está la posición a respecto de los homosexuales (y derivados LGBTUVWXYZ), que es, sí, de acogida, de bienvenida, como personas, como individuos. Cada una es una realidad diferente, pero lo mismo acontece con criminales, dependientes químicos, etc., se les recibe.
      El meollo del asunto es que tienen que cambiar su estilo de vida (como es en los otros ejemplos) para empezar a vivir el amor Charitas de manera plena, sin apegos espirituales a las cosas de este mundo, y el sexo de manera plena también, con sus tres facultades, sin mutilarlo (es claro que los hijos no vienen siempre, la abertura a la vida es la vivencia de esta facultad).

    2. Punto número uno: No debería existir siquiera el término «izquierdista» o «progresista» eso ya hace una división en una iglesia que debería estar unida por situaciones de verdera relevancia en la sociedad humana, el hambre por ejemplo.
      Punto número dos: Tolerancia? La tolerancia nos invita a respetar los estilos de vida y las formas de pensamiento ajeno. Es tolerante acaso decir «te acepto a cambio de que modifiques tu estilo de vida? Desde mi perspectiva, no lo es, asi que si se les acusa de intolerantes, no sólo a católicos si no otras religiones, es por que sus acciones lo demuestran.
      Punto número tres: El sexo no tiene una función reproductiva solamente, y si la tuviera habría familias con 10 o 20 hijos, la mayoría sería de jóvenes entre los 18 y los 20 años que según estudios son los más activos sexualmente, pero existe el condón no es así? Y a pesar de eso, np veo a nadie haciendo una marcha en contra del uso del condón, por que seamos honestos, hasta usted qje escribió este comentario poco argumentado lo usa.
      Y ya para concluír, es administrador, no sociológo ni psicólogo, asi que evite hacer uso de términos que desconoce su significado y que argumenta en un solo artículo que «leyó» hace no se cuantos años. Ls tiempos cambian, asi como usted cambia de modelo de coche, si no le gusta quédese con su coche antiguo hasta que un día ya no exista quien le venda refacciones.

      1. Amigo, evitémonos la pena de continuar. Para alguien que me pide evitar usar ciertos términos por no ser sociólogo o psicólogo, afirmar que uso condón sin conocerme es la mayor prueba de incogruencia, y quizá de otras fallas.
        Hay muchos lectores que primero tienen que tomar un curso de lógica de nivel bachillerato para poder discutir y entender las relaciones básicas entre conceptos.
        Es obvio que la Iglesia sólo puede recibir integralmente a las personas de acuerdo con sus criterios. Otras iglesias lo hacen, las empresas lo hacen, nosotros lo hacemos en nuestras casas! No seamos estúpidos. La diferencia es que la Iglesia nos permite acercarnos independientemente de si cambiamos de vida, pero si nos acercamos sin mejorar nuestra vida, en realidad no estamos queriendo acercarnos a la Iglesia, estamos queriendo que la Iglesia sea otra cosa acomodada a nuestros intereses a la hora de acercarnos. Como si fuera a visitarte de traje de baño, y te acuso porque eres tú el que no me espera con alberca y espacio para carnes asadas listos. Y la tolerancia es que aceptemos que las personas e instituciones establecemos criterios para convivir con otros, estos son, simplemente, los de la Iglesia, y quien prefiere otros criterios, bueno, que los busque en otro lugar, a pesar de que la Iglesia los espera de brazos abiertos (intenten ir ahora a la catedral y vean si alguien les cierra la puerta por pensar diferente).

        Ahora, existe otro punto fundamental, que es la libertad del hombre, y ésta es tolerada por la Iglesia. Prestemos atención, ni las marchas ni los discursos son «para prohibir» formas alternativas de sexualidad. A fin de cuentas, cada quien su c… onsideración propia sobre cómo vivirla. Son para proteger la forma más lógica de convivencia. La obligación de la Iglesia y del Estado es promover e impulsar aquello que nos haga mejores y más bien a la sociedad, no lo que se le ocurra a cualquier grupo. Por eso no hay leyes especiales para las bodas entre pescadores, o deportistas, o ricos, o campesinos. Las leyes son éstas, porque es un principio constitucional la busca del bien.

        Sobre «de izquierda» o «progresista», los coloqué desde un inicio por falta de términos más precisos a la mano, y al mismo tiempo entre comillas porque son un decir, yo ni siquiera creo en esos términos, porque no creo que las ideologías sean factibles de realización, menos aún éstas dos.

        1. Perdon, pero a quien le importa la iglesia en esto? Que necedad y que ganas de que todos crean en su religión. Estos son temas legales y de derechos humanos. Punto!

  2. Muy normal que ante un desconocimiento del carácter de Dios y de las escritura, se lleguen a tener este tipo de prejuicios tan simplistas.

  3. Tienes razón en señalar que la homosexualidad no es un estado patólogico, sino un aspecto de la diversidad natural de la condición humana. Es a partir de ahí que, en las últimas décadas, ha adquirido tracción la reivindicación de la homosexualidad como una manera legítima del ser humano, al extremo que en grandes regiones del humano esta nueva percepción de la sexualidad y la sensualidad humana han sido normalizadas en el código de prácticas y actitudes aceptables en la sociedad, además de ser también codificadas en la ley como una manifestación del libre albedrío humano que debe ser protegido y garantizado por el Estado. Eso es, sin duda, un rasgo de progreso humanístico.
    Ahora bien, tú te abocas en este texto a enumerar y examinar brevemente una lista de prejuicios sobre la homosexualidad, en el sentido de que se les puede denominar prejuicios, pues no son juicios a posteriori sobre una valoración de la evidencia científica. Puesto de otro modo: la perspectiva biológica sobre el asunto desmiente la percepción cultural y social milenaria sobre tal característica de la condición humana. Pero es en ese sentido, no como un argumento en contra, sino como un vehículo para destacar el carácter de «sexual politics» que define y decide la postura dominante sobre el tema, es en ese sentido que, me parece que deberías escribir una columna ulterior examinando bajo esa misma perspectiva honesta y ciertamente con asidero en la biología, la historia antigua y moderna, y la antropología, cómo tus mismo argumentos pueden usarse para legitimar la pedofilia, que también es parte de la condición humana, acusada de perversión (como la homosexualidad) en algunas culturas y practicada en otras hasta la fecha. ¿Qué tal?

    1. No es extraño encontrar personas como tú, que con tal de rebajar una condición humana y natural como la homosexualidad, terminan igualándola con parafilias como la pedofilia y el bestialismo. Y aquí es necesario hacer ciertas precisiones. Los pedófilos son adultos que cometen actos abusivos con niños; un adulto es alguien que ha alcanzado su desarrollo físico y que tiene capacidad de obrar debido a su cénit psíquico, por el contrario un niño es alguien que se encuentra en etapa de desarrollo y por tanto no tiene plena capacidad de discernimiento. En este caso estamos ante alguien que sabe lo que hace con alguien que no sabe lo que hace, alguien que en posición ventajosa, se aprovecha de otro en situación de inferioridad con la finalidad de satisfacer sus deseos carnales, esto sin importarle el trauma que tendrá el ser en condición inferior del cual abusa. La precisión anterior aplica entonces para el bestialismo, ya que es imposible saber si un animal (un ser que siente) dará pleno consentimiento del acto que le hará un ser humano, de hecho, a ciencia cierta es difícil saber si en realidad el animal es plenamente consciente de lo que le está haciendo un ser humano, alguien en condición superior. Las relaciones (afectivas y/o sexuales) entre personas del mismo sexo son entre seres humanos, adultos, conscientes, con plena capacidad de actuar y de discernir; son actos consentidos entre las partes. Esa es la razón por la que las dos parafilias nombradas nunca serán equiparables en forma y fondo a los actos homosexuales, y por ende nunca se podrán legitimar.

      1. En realidad si me parece bastante sesgada la opinión del autor. La argumentación principal se basa en un análisis de prejuicios, es decir se trata de descartar argumentos en lugar de añadir argumentación en sentido propositivo. Sin embargo la mayoría de las razones que aquí se exponen para tratar de normalizar una tendencia sexual, verdaderamente se podrían aplicar para justificar muchos otros comportamientos y parafilias. Probablemente el ejemplo utilizado en comentarios anteriores por Zacarías de Onda no haya sido el más idóneo y adecuado, pero si realizamos un análisis de la argumentación del artículo perfectamente se podría utilizar para justificar temas como las relaciones incestuosas. En ambos casos estamos hablando de personas adultas que de manera consensuada y consentida han decidido convivir y cohabitar incluso sexualmente con la justificación de que » ..son adultos, no le hacen daño a nadie, por que la sociedad quiere impedir el libre ejercicio y expresión de su amor, etc.». De hecho, en las cortes norteamericanas ya existen casos de solicitudes de personas (madre-hijo, hermano-hermana) para que les permitan este tipo de relación, y en todos los casos la justificación es exactamente la misma que se aplica para las relaciones homosexuales. En muchos lugares, no en todos, el incesto sigue siendo considerado un delito, pero muchas cosas que antes eran delitos hoy son consideradas incluso derechos de las personas verbigracia el aborto. Lo mismo se podría aplicar para el tema de la poligamia: personas adultas ( normalmente un varón y dos o más mujeres, aunque también hay el caso menos frecuente de una mujer con dos o más varones), que de común acuerdo quieren cohabitar y que con los mismos argumentos utilizados para validar la propuesta de matrimonio entre personas homosexuales piden les sea autorizada su forma de convivencia. Respecto a este tema de la poligamia, se ha iniciado un bombardeo mediático a su favor y en muchas cadenas de televisión podemos ver series y documentales que exponen los detalles de esta manera de convivencia y tratan de mostrarla como normal (Big family. etc.). Todo lo anterior nos muestra como lo expuesto en el presente artículo no propone nada nuevo respecto al comportamiento homosexual pero si abre peligrosamente una puerta hacia situaciones como las ya comentadas que lo único que logran es acrecentar la espiral de relajamiento moral en que nuestra sociedad esta cayendo. Esto no tiene que ver con ninguna cuestión religiosa sino que estamos ante una situación en que los valores éticos y morales de nuestra sociedad están siendo lentamente socavados de una manera tan paulatina que apenas nos damos cuenta. Lo que antes era un delito, ahora es un derecho; lo que era una virtud, ahora es un defecto; llamamos bueno a lo que era malo y malo a lo que era bueno; estamos abriendo una puerta de incertidumbre moral que terminará destruyendo las bases donde se asienta nuestra sociedad.

      2. Javier, te equivocas si crees que mi comentario apunta a rebajar la condición (humana) de los homosexuales. Mi observación examina sucintamente la estructura de la argumentación que emplea González de Alba para desmontar la validez del prisma ideológico que era socialmente hegemónico hasta hace muy poco, en Occidente, para definir la génesis y naturaleza del homosexual. La base que sustenta el nuevo paradigma que implícitamente avanza es, a mi parecer, también abarcable al de la pedofilia. Es una observación neutral y analítica. Cuál sería, en consecuencia, la actitud social que debería promoverse con respecto de, por ejemplo, la pedofilia (aceptarla, refrendar su rechazo público y legal, etc.) es un tema relacionado, pero diferente.

        Por abundar con una analogía: matar gente es una antigua costumbre que siempre está de moda, y cometer homicidio es una inclinación natural de la especie, pero eso no quiere decir que esté bien. Reconocer un rasgo específico e inherente de la condición humana no implica, automáticamente, que deba ser aceptado y normalizado en las normas sociales o codificado en las leyes, o por lo menos no sin cortapisas. Lo mismo con las diferentes manifestaciones de la condición humana en la sexualidad de la especie y con las instituciones formales e informales que surgen para darles cabida, sentido y articulación en la vida social del individuo y la colectividad.

        Un ejemplo para ilustrar la complejidad moral que surge del proceso colectivo de reexaminar y desechar o no tabús (pues hay razones específicas, siempre debatibles, pero también atendibles para el surgimiento y caída en desuso de tabús en cualquier sociedad a lo largo del tiempo) es precisamente la yuxtaposición de la homosexualidad y la pedofilia en la civilización Occidental contemporánea. Hay comunidades cristianas de Estados Unidos y Canadá que practican la poligamia, aunque es ilegal en ambos países. Recientemente, el argumento legal de que esa forma de matrimonio, aunque en principio involucraba a adultos que consentían en tal arreglo, era tan desproporcionadamente desventajosa y hasta abusiva para las mujeres y los niños, que debía ser proscrita como una forma de explotación institucional en el seno de la familia, empezó a debilitarse, a la luz de la óptica retórica de libertades individuales con que se habían legalizado las uniones libres y entre homosexuales. Entonces, lo que los proponentes de conservar la poligamia como ilegal hicieron, fue cambiar de ángulo y reformular su posición como uno de acción legal contra la pedofilia y el abuso de menores (un número muy alto de las “novias” eran rutinariamente púberes). La estrategia legal funcionó lo mismo en el ámbito jurídico que en la estructura moral hegemónica de la sociedad.

        Tu intentas abordar el asunto desde una perspectiva similar, en el sentido de que estableces una distinción entre ambas inclinaciones de la condición humana, si bien noto que usas el término “parafilia” sin demarcar bien a bien cuál es el perímetro que le atribuyes a tal definición. Sinceramente lo percibo como un punto débil conceptualmente de tu exposición y que me vino a la mente de nuevo cuando, un poco después leí la razón que González de Alba ofrece a otro lector acerca de por qué nunca usa la palabra “homofobia”: porque es inexacto (“mal construido” dice él). Creo que lo que le molesta es que el término eufemísticamente llama “temor” a lo que, a su juicio, es en realidad “odio”. Bueno, la verdad es que el término “homofobia” comprende a una serie de sentimientos excluyentes que van desde el desdén hasta el odio y con una gran cantidad de matices intermedios. Quizá sería aconsejable que, al igual que los inuit que tienen cuarenta palabras diferentes para describir a la nieve, porque sin duda que su composición y textura es variadísima (me consta), así debería establecerse un glosario de terminología exacta para describir el espectro de la homofobia. En todo caso, como te digo, usas la palabra como una manera lacónica, pero vaga, de señalar que se trata de algo totalmente diferente, pero no dices en qué modo exactamente es así. La noción no es extravagante, pero es imprecisa y eso va en menoscabo de tu, por otro lado, examen razonado de un asunto de indudable interés público.

  4. Hacer uso del derecho que otros tienen al manifestarse, es homofobia?, desear vivir bajo los principios con los que hemos sido formados, es homofobia? Desear que nuestros hijos sigan siendo educados bajos los principios que sus padres, es homofobia? Pedir respeto a nuestras expresiones familiares, es homofobia? Por favor señor Luis González de Alba, ilústreme.
    Las personas homosexuales desde hace muchos años marchan por el orgullo gay, me pregunto porque los seres que fuimos creados dentro de la institución familiar hombre, mujer e hijos no podemos hacerlo.
    Si las personas que se declaran gay y lesbianas deciden definirse de esa manera, eso está perfecto, nadie se los impide, pero confundir a pequeños seres que aún no forman su criterio, eso no es adecuado. Este tema no es religioso, es mero sentido de responsabilidad.
    Señor González de Alba, usted que es una hombre con amplio criterio y conocimiento, por favor condúzcame a la civilidad, porque yo en mi corto entender considero que es un crimen abusar del débil y aprovecharse de seres inconscientes para obtener un beneficio personal.

    1. Ramiro González: Ni siquiera uso el término «homofobia», ni en este artículo, ni en otros ni en mis conversaciones. No lo hago porque es un término mal construido, significa homos=igual, como en homogéneo, fobia=temor. Temor al igual. Y no es eso lo que se pretende decir, sino odio al homosexual. Como ya es inútil esa pelea, no la doy y me limito a no usar JAMÁS el término homofobia.
      En cuanto al derecho de los heterosexuales a marchar con orgullo, no he sabido que se prohíba. Las expresiones heterosexuales son una catarata abrumadora de cine, canciones, novelas, poemas, anuncios de lociones y de cervezas… Siempre tratan del amor entre un hombre y una mujer, miles de veces al día, todos los días, año con año. Pero basta que salga una película donde un par de hombres se enamoran para que el griterío diga que se está tratando de promover la homosexualidad.

  5. Lo mejor que he leído en este tema, para variar claro, bien fundamentado, como dice algún comentario aprendí y reafirme algunos puntos de vista.

  6. Toda esta discusion podria tener algun sentido si quienes proclaman la existencia de dios, y de sus supuestas leyes en las que se apoyan, tuvieran prueba de ello. Mientras asi no sea, todo es palabreria hueca.

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