LA FAJIZA JUVENIL más escandalosa me la pusieron en un camión urbano de El Cairo: pantalón vaquero, camiseta blanca y sucia, día caluroso, camión repleto de hombres, únicamente hombres: el Cielo en la Tierra. Uno rozó, precavido. Como no me molesté siguió ya con más descaro. Luego tuve una turba restregándose contra el turistita buenón que no irá con el chisme. Alcé los dos brazos y me apoyé de los empujones en el pasamanos de arriba. “A tus manos me encomiendo, Señor, y mi espíritu se llena de gozo…” Unas manos buscaban los botones de mi bragueta (Levi’s button fly sin cinto) y ya casi me los bajaban cuando vi los ojos con más odio que me hayan mirado. Esos sí eran “ojos que da pánico mirar”: profundos, oscuros, una brasa roja en la pupila. Con terror me esforcé por salir de la bola de calientes.
Eso es odio, no mamadas. Pero fue el único. Los demás se sintieron muy decepcionados y me retenían.
Así es esto del respeto al Corán.