1 septiembre, 2016

EL DISCURSO DE EPN EXTRAVIADO

EL DISCURSO DE EPN EXTRAVIADO

Estimado Enrique Peña: Lamento muchísimo que Gobernación no sepa dónde vivo y enviara al mensajero de Los Pinos a recoger el discurso que te preparé, sin costo para tu bolsillo ni el de la nación, a mi domicilio en un edificio de departamentos que se cayó con el temblor del 85. Aún te puede servir.
Señor Donald Trump: Usted se preocupa con razón por la seguridad de los ciudadanos de Estados Unidos, entre ellos 30 millones de origen mexicano o mexicanos. Tengo el mismo afán: la vida de mis conciudadanos. Por eso mi gobierno ya estaría construyendo un muro entre nuestros dos países, menos largo que la Muralla China, en territorio de México y pagado por México, si eso detuviera la avalancha de armas que desde Estados Unidos ha llenado de sangre a México.
En Estados Unidos las armas se adquieren en la tienda de la esquina con toda libertad y legalidad. Luego pasan de forma ilegal nuestra frontera y el poder de fuego así adquirido por narcotraficantes, secuestradores, asaltantes y otros delincuentes no pocas veces supera el de nuestras Fuerzas Armadas.
Pero, ya que menciono la Muralla China, usted y yo sabemos que tampoco sirve para nada. Al término de la Edad Media las ciudades habían dejado de confiar su seguridad a gruesos muros. Aún subsisten restos en Viena, París y muchas ciudades, pero son atracción turística. La Muralla China sirve para ir a tomarse selfies.
No acabaron los peligros que hicieron necesarias las murallas, empeoraron y hubo peores guerras y genocidios no imaginados. Se dejaron de construir muros porque ya no frenaban al enemigo. Por eso no he comenzado a levantar uno: jamás impedirá el paso de armas para bañar en sangre a México.
Y ahora me despido porque vine de prisa: el gobierno corrupto que yo encabezo está revisando el informe que daré mañana al pueblo de violadores, ladrones y holgazanes como lo ha definido usted. Le dijimos que no era buen día para su visita, pero su insistencia nos obligó. Con permiso…
(Enrique: Este último párrafo te lo dejo a tu buen criterio: podrías no leerlo).

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OLIMPIA

Ha vuelto a crecer
con vides y emparrados
abril sobre cafés y bares,
la multitud. Babel.

El invierno anterior
vimos guardar sillas y mesas
como tras una fiesta
para pasar los fríos
observando al plateado Cazador celeste,
el ojo azul de Sirio en su jauría.

Ocurrirá otra vez
al mediar este otoño:
hojas, viento, papeles
sobre el húmedo Bóreas.

Y una vez más calor,
quillas, espumas,
barcos lejanos,
la multitud. Babel.

Hasta que el ritmo se suspenda…

Pues vinieron también
con cadencia persistente
a estas colinas tersas
las Olimpíadas clásicas
durante mil y un años.

Hasta que un día
la fiesta no llegó,
tragada por los siglos.

ISLA DE COS

No es la araucaria para mí
porque es señora de encimadas crinolinas
y toquilla de encaje bruselense.

En mi jardín quiero un ciprés,
alto y delgado amante de Apolo,
muerto de pena por haber matado,
sin intención,
lo que más amaba.

VISTA DE POROS

Grecia: mar amable
que no conoces el océano,
mar sin olas,
aunque de ellas
hablen tus canciones.

MI ÚLTIMA RETSINA

Son para siempre
todos los adioses
pues no baña el mismo río
jamás el mismo cuerpo
ni son los mismos ojos
mirando hacia el Egeo
aquellos deslumbrados
bajo el calor de agosto
que lo vieron venir
hace dos años
desde Monastiraki
con ese paso lento,
con ese balanceo
de sus veinte años.

Son para siempre
los adioses:
queda el amor,
el barco en el puerto,
la vid que reverdece en parra
sobre los nietos
y en septiembre
da sus largos racimos
transparentes.

No hay para el reencuentro
ningún lugar preciso,
ninguna cita hecha,
como no sea ésta
con nuestro viejo amor
que ha puesto un plato más
sobre la mesa
bajo la luz de otoño,
el nuevo otoño aéreo
con el que se despide el año
y que un día,
cierto como que morirá el Egeo
sin que nadie lo vea,
un día tan cierto como la muerte,
no volverá.

DE El Sueño y la Vigilia. Ediciones Sin Nombre/Conaculta

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7 agosto, 2016

Poemas encontrados

El deseo en pantalón vaquero

A mi sobrino Luis Pedro

Atraviesa el deseo,
en vaqueros a pelo y sin más nada,
los pasillos del hampa y la penumbra
con olor a sudor y semen tibios.

Vuelvo una y otra vez a aquella tarde,
al mismo anochecer de mis treinta años,
para encontrar tu sombra de durazno
y hacer lo que no hice:
dejar caer al suelo
un pantalón vaquero
y sin camisa,
corta chamarra verde entre mis manos,
chamarra que también llevaba a pelo
y sin camisa,
mojada en los sobacos que escurrían,
murmurarte al oído rosa y blanco:
“Está bien, me atrapaste”,
y seguirte el juego de mirón
que proponías
aproximándome sin más
a aquel tercero:
“Nos dio ya su permiso, wey,
y lo calienta vernos…”

No te arrepientas nunca
de lo que no hiciste
a tus floridos treinta: Carpe diem,
di con Horacio,
quam minimum credula postero:
cuán mínimo es creíble el porvenir.

SOMEWHERE IN TIME

Somewhere in time
John Barry

En algún lugar del tiempo te perdí:
No llegaste o no llegué,
Tomé la calle por donde no venías
O te detuviste un instante
A desear una bonita camisa.
O me atrasé un siglo entero
Y moriste hace ya tiempo,
Te retrasaste dos minutos,
Dos días, dos siglos… medio:

Un día te verá cruzar la calle
En el esplendor de tus veinte años
Uno de mis sobrinos-nietos,
Ya anciano, al volante;
Aun si lo vieras a través del parabrisas (¿los habrá?)
No sabrás nunca el lazo que nos une
A ti a mí a él,
Será un día para ti como cualquiera
Porque en algún lazo del tiempo nos perdimos
Y no consigo memorizar esta breve partitura:
Do, re, mi, si…
O fuiste aquel joven que me vio,
Hace ya tanto, con ojos azorados,
Y al que no supe seguir
Porque a su vez me deslumbró.

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