18 septiembre, 2016

ABAHEL: 1964-67

En el número 6 de Punto de Partida, Año 1, septiembre-octubre de 1967 publiqué un extenso poema en versículos y otros ritmos. He encontrado un ejemplar del que hice escaneos por páginas antes de encontrar que existe archivo electrónico y ahora lo pego. Lo pongo a consideración. Tenía 19 años al escribirlo. No es disculpa ya que Rimbaud terminó de escribir toda su poesía a esa misma edad.

Aun no tenía el gran acercamiento a mi padre y firmo Luis G. de Alba
http://www.puntodepartida.unam.mx/images/stories/pdf/pp06/06-alba.pdf

Luis González de Alba

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Primer prejuicio

Que la homosexualidad es contraria a la naturaleza, pues pone en peligro de extinción a la especie humana.

Respuesta 1
El mundo por el momento está en peligro por exceso de población y no por falta. Los gobiernos gastan millones en detener la explosión demográfica. Un buen número de elementos no reproductores son bienvenidos, sobre todo si no cuestan nada, como sí cuestan las vasectomías o las ligaduras de trompas y las píldoras anticonceptivas al Seguro Social. En esta misma línea de pensamiento nos podríamos hacer la pregunta: ¿Y si la propia naturaleza tuviera mecanismos que promovieran la homosexualidad de una especie cuando ésta alcanza límites poblacionales peligrosos? Pero no hay en la actualidad más homosexuales que en siglos pasados. Sólo hacen más ruido.

Respuesta 2
De la misma forma se puede responder que si todos tomáramos los hábitos de sacerdote o monja católicos, la humanidad también se extinguiría… Si todos hiciéramos programas de televisión, la humanidad moriría de hambre… Si por el contrario, todos sembráramos trigo, se nos diría evangélicamente que “no sólo de pan vive el hombre” y por supuesto no habría electricidad ni TV para decir tonterías como ésas que se basan en que “si todos fuéramos homosexuales…” etcétera. Cualquier actividad o gusto al que se le aplique el principio de “imaginemos que todos hicieran lo mismo” nos lleva a algún absurdo.

Segundo prejuicio

Que la homosexualidad es contraria a la naturaleza dado que no existe en ella.

Respuesta 1
Hasta en el caso de que la homosexualidad sólo se diera en el ser humano, éste es parte de la naturaleza, luego todo lo que hace está en la naturaleza. Quien niegue esto deberá entonces ser consecuente y llamar actividades contra natura a la composición de sinfonías, la escritura de novelas, la producción de pasteles y por supuesto la transmisión de programas televisivos, tontos o no, sobre la homosexualidad o sobre el día de la madre.

Respuesta 2
Pero tal supuesto es además falso: la conducta homosexual no es exclusiva del humano; está ampliamente difundida y bien documentada en todo el reino animal. Para sostener lo contrario es preciso no sólo ser muy ignorante, sino poco observador, ya que sin leer a Konrad Lorenz, cualquiera puede haber visto perros macho trepándose en el amigo e intentando aparearse. No lo consiguen, pero los monos sí lo hacen y algunos peces también, como también se aparean entre machos los delfines, las iguanas, los lagartos, los gansos, los patos, los toros. El coito anal, como la masturbación, se da entre primates no humanos, o sea changos de todo tipo, hasta en presencia de hembras, esto significa que tiene valores propios y no los simplemente reproductivos, lo cual sabemos desde Freud y nos da paso al

Tercer prejuicio

Que el sexo es para tener hijos.

Respuesta
Si esto fuera cierto, seria una perversión tener relaciones sexuales con una mujer fuera de sus días fértiles o con una que toma píldoras anticonceptivas o con una que se ha hecho ligar las trompas o con una que simplemente no es fértil. Escuchemos a Sigmund Freud: “Si caemos en el error de confundir sexualidad y reproducción, es a causa de haber pasado por la edad infantil y haber sufrido durante ella la influencia de la educación” (Teoría general de las neurosis, p. 2316).

El “argumento” de las flores sabias

Una verdadera joya en la “argumentación” de un ignorante guionista en cierto programa escandaloso de una hora, es la siguiente: Los homosexuales se equivocan de sexo al escoger pareja sexual o al asignarse a sí mismos un sexo; pero “qué pasaría”, dice la dramática voz desde su púlpito electrónico, “si por ejemplo una especie de flores se equivocara de sexo y las flores macho pretendieran fertilizar a las flores macho? Pues que esa especie ya habría desaparecido”, concluye lógica la Voz.

Respuesta 1
Las flores se equivocan no sólo de sexo, sino de especie, de género y hasta de reino, pues copulan (permítaseme llamar así a lo que nos hacen las flores) hasta con el glorioso redactor de tan profundo guión, y copulan con él por la nariz y por las orejas. Las flores, no distinguen nada, lanzan su polen, equivalente del semen, urbi et orbi, sobre otras flores, sean macho o hembra, sobre animales y piedras, aguas y aires. Las flores copulan con el mundo y su semen, el polen, se nos mete a los humanos por la nariz. El equivalente humano de eso que nos hacen las flores, sería un humano eyaculando dentro de una orquídea. Los hay, no lo duden.

Respuesta 2
Pero, además, la mayoría de los homosexuales no se equivoca asignándose un sexo que no posee. No es un hombre que se siente mujer, aunque los haya. La inmensa mayoría de los homosexuales son hombres que se sienten hombres y a quienes les gustan los hombres. Así de simple. Una alta proporción ha tenido relaciones sexuales con mujeres y muchos, muchísimos, tienen hijos. Lo cual es un argumento más contra la tontería según la cual el homosexual pone en riesgo de extinción a la humanidad: como si nuestro riesgo, repito, no fuera por el momento la sobrepoblación, y no hubiera, añado, la posibilidad de bancos de semen hasta en el disparatado caso, planteado por el guionista, de que “todos fuéramos homosexuales”, lo cual ni es posible ni nadie anda proponiendo, salvo, quizá, los que lo deseen en su muy tenebroso inconsciente. Para hacer notorio el absurdo que se desprende necesariamente de su forma de argumentar, repetiré que también, si todos fuéramos guionistas de TV, la humanidad se extinguiría, por hambre en este caso.

Cuarto prejuicio

Que el homosexual es un tipo humano diferente.

Respuesta
Se han buscado explicaciones anatómicas, fisiológicas, hormonales y genéticas, sin encontrar diferencia alguna entre un homosexual y un heterosexual (el que prefiere al sexo opuesto). Una vez que fallaron todas ellas, se recurrió a las explicaciones puramente psicológicas basadas, por supuesto, en diversos tipos de trauma, según cada teoría. Todas han fallado: En cuanto se menciona que un niño se vuelve homosexual por culpa de la madre, salta uno que es huérfano de madre; se culpa al padre, y sale uno que adora a su padre y tiene una magnífica relación con él. Pero, además, ¿quién sería el ser humano que no expondría queja alguna de su padre o de su madre? ¿Y todo el que se queja se vuelve homosexual?
Hay personas que, en efecto, tienen parcialmente ambos sexos. Esto puede tener una causa hormonal, genética o ambas. Se trata de conformaciones anatómicas conocidas por el nombre de hermafroditismo, nombre que viene de Hermes y Afrodita, dioses griegos, hombre y mujer, que parecen reunidos en esa figura que posee los dos sexos: el Hermafrodita, figura mítica, aunque se den casos reales. Pero una cosa es el hermafroditismo, la presencia de los dos sexos en una planta o en un animal (ciertos caracoles, por ejemplo), y hasta en un ser humano de manera ocasional, y otra cosa es la homosexualidad, el gusto por el propio sexo en hombres y mujeres perfectamente normales.

Quinto prejuicio

Que el homosexual se siente mujer (o la lesbiana, hombre).

Respuesta
En algunos casos puede ser verdad. Pero la gran, la inmensa mayoría de los homosexuales son hombres o mujeres muy satisfechos con su sexo, y no pocos hasta lo acentúan. Hay, por supuesto, homosexuales de aspecto femenino; pero también hay heterosexuales (los que prefieren al sexo opuesto) delgados, lampiños y suaves.

Sexto prejuicio

Que el homosexual lo es porque le faltan hormonas masculinas.

Respuesta
Con el descubrimiento de la testosterona, la principal hormona masculina, en 1934, se pensó que en la falta de ésta se encontraría la tan buscada explicación de la homosexualidad. Tampoco fue así. La testosterona es responsable no sólo de la diferenciación de los genitales masculinos y del cerebro durante el desarrollo del feto, sino de los llama dos caracteres sexuales secundarios masculinos: la voz grave, la barba, el vello, la menor cantidad de grasa y su distinta distribución, etcétera, y los homosexuales pueden poseer todas estas características viriles.
Perloff reporta, ya desde 1967, que ningún paciente homosexual exhibe alguna alteración de sus pautas hormonales que pudiera explicar sus tendencias homosexuales: “Nunca hemos comprobado una relación entre la elección del objeto sexual y el nivel de excreción hormonal”. (Hormonas y homosexualidad, p. 84).

Séptimo prejuicio

Que el homosexual lo es por un problema genético, o, lo que es lo mismo, que unos nacen y otros se hacen.

Respuesta
Los cromosomas, microscópicos filamentos presentes en el núcleo de todas las células, y cuya función es la de transmitir la información hereditaria, abrieron otra respuesta a las preguntas sobre el origen de la homosexualidad.
En 19 40, Lang planteó que algunos hombres homosexuales eran en realidad “… tipos masculinos intermedios que son genéticamente femeninos, pero han perdido todas las características sexuales morfológicas con excepción de la fórmula cromosomática”. O sea mujeres genéticas aprisionadas en cuerpos masculinos. Maravillosa explicación que se adoptaba hasta al sentimiento de algunos homosexuales.
Pero en 1956 Pare sometió a verificación esta teoría empleando la técnica de la determinación cromosómica del sexo. El primer método satisfactorio para estimar el sexo cromosomático (esto es, el sexo “escrito” en los cromosomas de cada célula) fue elaborado por Barr. Se demostró empíricamente que la mayoría de las células femeninas contenían un punto característico en el núcleo. Esta comprobación probó ser válida respecto de todos los tejidos y de todas las especies de mamíferos estudiados . El método es sencillo y consiste en obtener células raspando la mucosa bucal que, una vez teñidas, se examinan al microscopio. Cuando proceden de hembras de mamífero, se observa un punto denso característico de aproximadamente un micrón de diámetro. Así investigó Pare el sexo cromosómico de 50 homosexuales varones. En todos los casos, los núcleos de sus células fueron típicamente masculinos.
En la actualidad, esta prueba se ha generalizado con otros fines: los comités olímpicos la emplean en las atletas para eliminar a cualquier hombre cuyo aspecto externo (incluido el de sus genitales, cuando son muy pequeños) le diera oportunidad de hacerse pasar por mujer. No la emplean en los atletas, pues si una mujer quiere disfrazarse para competir contra ellos, puede hacerlo: allá ella.
Estudios publicados en 1994 presentan nuevos indicios de posibles diferencias genéticas. Están detallados en el capítulo 3.

La respuesta de Freud
En la nota añadida en 1919 a su bella obra titulada Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, señala Sigmund Freud.

[…] todo individuo, aun el más normal, es capaz de elegir un objeto homosexual, ha hecho esta elección alguna vez en su vida y la conserva en lo inconsciente, o se defiende contra ella por enérgicas disposiciones opuestas. Estos dos hechos ponen término a la aspiración de los homosexuales a ser reconocidos como un tercer sexo y también a la diferenciación entre sexualidad innata y sexualidad adquirida […] Hemos de afirmar con sentimiento que los representantes de los homosexuales en la ciencia, no han sabido extraer enseñanza ninguna de los seguros datos proporcionados por el psicoanálisis (p. 1599).

Esto mismo ya lo había dicho antes el propio Freud. En una nota adicionada en 1915 a sus famosísimos Tres ensayos para una teoría sexual, nos dice:

[…] todo individuo es capaz de una elección homosexual de objeto y la ha llevado a cabo, efectivamente, en su inconsciente […] Así pues, en un sentido psicoanalítico, el interés sexual exclusivo del hombre por la mujer constituye también un problema y no algo natural, que se basara en última instancia en alguna atracción química” (p. 1178).

Octavo prejuicio

Que el homosexual lo es por algún trauma.

Respuesta
Cuando a la gente dejó de importarle si la homosexualidad era o no pecado, saltó a la palestra la ciencia y la medicina sostuvo que era enfermedad, ya fuese hormonal (primera hipótesis), o genética (última y más reciente). Fracasó la medicina al intentar la prueba de cualquiera de estas hipótesis: no era ni una cosa ni la otra, aunque estudios más refinados, como los de LeVay y Hamer en 1994, referidos en el capítulo 3, encontraron indicios hasta la fecha no definitivos. Entonces otra ciencia vino en auxilio de la medicina: la psicología. Sostuvo ésta que la homosexualidad podía no ser una enfermedad física, pero sí era en cambio una patología mental causada por un trauma temprano.
El más socorrido de los traumas psicológicos es el supuestamente producido por la combinación de madre fuerte y padre débil o ausente. Pero se ha observado que hay homosexuales que ni madre tienen, mucho menos la tienen fuerte. Y además, hasta en el caso de admitir esa explicación, vea el lector cómo está teñida previa y prejuiciosamente de un valor: es mala esa combinación de padres porque “produce” homosexualidad, luego ésta es mala antes de que lo probemos. O bien, siguiendo exactamente el mismo modelo de pensamiento, deberíamos admitir su opuesto: es malo tener madre débil y padre fuerte porque eso produce heterosexualidad. ¿Verdad que suena raro?

Noveno prejuicio (sólo para creyentes)

Que Dios condena la homosexualidad.

Respuesta
Dejaré la palabra al padre Ricardo Zimbrón, misionero del Espíritu Santo, quien dice en su obra Nuevos enfoques sobre la homosexualidad:

Soy un sacerdote viejo que desde hace más de treinta años escucho a diario las confesiones de mucha gente […] Últimamente, después de tantos años de experiencia, me he preguntado seriamente si la Iglesia ha enfocado el problema de las personas homosexuales con la debida objetividad, porque he llegado a la conclusión de que los confesores no ayudamos en nada a estas personas, más bien aumentamos su angustia y sus conflictos […] Al escribir este breve tratado, siento que estoy pagando una deuda a un buen porcentaje de la grey de Cristo por el cual no había hecho nada, más que, tal vez, empeorar su situación.

Los textos bíblicos
Los textos bíblicos que hablan de la homosexualidad son seis en total, dice el misionero del Espíritu Santo: uno en el Génesis, dos en el Levítico y tres en las cartas de San Pablo.
En el Génesis se narra la destrucción de Sodoma y Gomorra, se nos ha dicho que por su homosexualidad. Pero aclara el padre José L. Muji ca en El homosexual y la Biblia que:

Un caso típico de como el machismo ha influenciado la mentalidad de los estudiosos y aún de las autoridades eclesiásticas, es el clásico caso de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Según sus propias interpretaciones, ambas ciudades fueron destruidas por causa de la homosexualidad. Pero cualquier persona que lea ese pasaje (Génesis, capítulos 18 y 19) encontrará que la homosexualidad no se menciona… La razón por la cual estas ciudades fueron destruidas fue la soberbia, la falta de hospitalidad, la idolatría y la falta de caridad.

El castigo divino les llego a los habitantes de Sodoma porque se prostituían en ritos idolátricos, independientemente de que lo hicieran con el sexo contrario o con el propio, según ambos sacerdotes citados.
Las dos citas del Levítico se siguen blandiendo sobre la cabeza de los homosexuales sin añadir que, además de la homosexualidad, este antiguo libro de la Biblia también prohíbe aparear ganado de diversa especie, sembrar dos clases de semilla en el mismo campo, usar ropa con dos clases distintas de tejido, cortarse el pelo en redondo, cortarse la barba y hacerse tatuajes. ¿Se irán entonces al infierno todos los campesinos mexicanos que siembran maíz y frijol juntos? ¿Y todos los lectores que traigan pantalón de mezclilla y camisa de poliéster? Hum… deberían. Y si esas prohibiciones ya no son válidas y se consideran anticuadas, porque Cristo estableció la Nueva Ley, ¿por qué siguen siendo válidas las referentes a la homosexualidad nada más? Dice el padre Mojica: Cristo Jesús, que es la piedra angular de nuestra fe y la máxima autoridad, no dijo absolutamente nada concerniente al homosexual o a la homosexualidad.

Las cartas de San Pablo
Si Cristo no dijo absolutamente nada contra la homosexualidad al establecer la Nueva Ley que derogaba la de Moisés, la primera pregunta que nos podemos hacer es si San Pablo habría tenido derecho a lanzar tal condena en sus cartas. Pero, además, no lo hizo, según el mismo padre Mojica y el misionero Zimbrón, pues sólo condenó a los heterosexuales que se entregaban a relaciones homosexuales, únicos que iban “contra sus naturalezas”. Y sobre el citadísimo párrafo de la carta a los corintios, dice completo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.
A lo que señala el padre Mojica que donde se tradujo afeminados y los que se echan con varones hay en el texto del apóstol dos palabras: malakós y arsenokoités que se refieren, de nuevo, a quienes participan en ritos de prostitución idolátrica, como se practicaba en Corinto. Pero no usa en ninguna parte alguna de las muchas palabras griegas para describir lo que ahora llamamos homosexualidad simple y llana.

Décimo prejuicio

Que, como dijo el dirigente nacional del PAN, Diego Fernández de Ceballos, éstos son asuntos para “joteretes”.

Respuesta
Gulp.

De La orientación sexual, Paidós.

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UDITE, O RUSTICI…

Se me olvidó otra vez que ahora nos van a reeducar. Sí, sí: como en la Revolución Cultural china los físicos y matemáticos forzados a plantar arroz (que no se daba y moría la gente de hambre), como en las Unidades de Producción del Che Guevara, como en la Siberia de Stalin con millones de hombres en proceso de reeducación… y mano de obra gratuita. Ahora el Conapred nos someterá a terapia de párpados abiertos con pinzas mientras nos proyecta, como en Naranja Mecánica, horas de Juanga repitiendo algún estribillo suyo: Tú tú tú siempre en mi mente, porque tú, tú, tú, tututú… El eufemismo para hacernos tragar eso se llama “medidas precautorias”.
En mi página de Facebook alguien me pidió opinión sobre un artículo acerca de Juan Gabriel escrito por un Nicolás Alvarado. Lo abrí y, con sorpresa, descubrí que era de Milenio, donde publico. Al autor nunca lo había leído y lo supuse invitado. No decía. Quise abrir sus datos, no venían. En resumen no le gustaba Juan Gabriel. Pero el tonillo engreído era de la divina garza envuelta en huevo (creo que ya no usa la expresión).
El domingo pasado, al confirmar la muerte de Juan Gabriel, no dudé en expresar: Mi deuda con Juan Gabriel es impagable. Al pedirme detalles añadí que hay tres canciones que no puedo oír sin llorar y una es de Juan Gabriel: “Se me olvidó otra vez”. Pero eso era todo: nunca tuve ni la más remota intención de comprar un disco suyo ni menos de ir a un concierto.
Vi en Face y Twitter una erupción volcánica de furia por el arrogante artículo de Alvarado y, con la costumbre de que me ocurra, no le di importancia. Hasta que supe, por un artículo de Raúl Trejo Delarbre, en la versión en línea de Nexos, “Guardianes del pensamiento único”, que el Alvarado era director de TV UNAM y el Consejo para prevenir la discriminación, Conapred, le había ordenado “que ofreciera una disculpa, le indicó cómo y acerca de qué debería escribir a partir de ahora y lo remitió a tomar ‘un curso de sensibilización’ para que aprendiera a no discriminar”. Muy bueno y muy fundado el ensayo de Raúl.
Que ya reculó el Conapred indica un principio de autocrítica. Quizá el artículo de alguien como Raúl Trejo hizo pensar a los que no habían pensado.
Yuri Vargas, de Círculo de Poesía, toma el asunto de la nula calidad en las letras del fallecido y, en “Una respuesta a Nicolás Alvarado” dispara obuses contra canciones-pichón en términos destinados al asombro de los rústicos (los nacos de endenantes): analiza Amor eterno con herramienta de crítico literario. Nos dice que estamos ante endecasílabos perfectos. Un endecasílabo, o verso de once sílabas, se llama propio cuando tiene acentos en la sexta y décima sílabas. También lo podemos llamar perfecto, sin que la perfección sea otra que su número de sílabas y colocación de acentos. Pero en nada desmerece un endecasílabo sáfico, de tres acentos. Propio o perfecto no es referencia a su belleza. Veamos tres ejemplos:

A. Unodos trescuatro, cincoseisiete
es un endecasílabo perfecto: cuente, mida. Es, además, heroico de acento yámbico; dicho de sopetón suena impresionante sin considerar su completo vacío. Otro ejemplo tomado de la canción analizada por Vargas:

B. Obligo a que te olvide el pensamiento
Pues siempre estoy pensando en el ayer.
Prefiero estar dormido que despierto
De tanto que me duele que no estés.

Y un tercero:

C. Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea…

El primer ejemplo es obra del azar que también ofrece endecasílabos perfectos y versos sin esfuerzos. El segundo es uno de “cuatro serventesios (estrofas de cuatro versos de arte mayor con rima intercalada: ABAB) de endecasílabos heroicos perfectos (con acentos obligatorios en sexta y décima sílaba, según el modelo renacentista)”. La acotación entre paréntesis de Yuri Vargas es obra de Wikipedia:
“El serventesio es una estrofa castellana compuesta de cuatro versos de arte mayor, generalmente endecasílabos, de rima consonante y alterna ABAB”. Wiki.
Es notorio que Vargas elimina de la definición wikipédika lo que no se ajusta a su argumentación, en este caso “de rima consonante” porque las rimas de “Amor eterno” son asonantes: -ento, erto, -yer, -tés. Pero, puesto que nos quitó algo de Wiki, nos lo paga con un añadido: “según el modelo renacentista”. ¿Con qué fin? Con el único de meter el término que alude a belleza suprema: “renacentista” y asociarlo a una letra de Juan Gabriel que a mí, serventesios o no, me parece profundamente cursi (que tus ojitos) y la detesto. Pero los que terminamos secundaria (sin la CNTE) encontramos que hablar de “modelo renacentista” al describir un endecasílabo es tan solo un pleonasmo, ya que el endecasílabo llegó al castellano tomado del italiano renacentista. El arte mayor castellano era el pesado dodecasílabo. Todo endecasílabo se ajusta a su modela renacentista, hasta Unodos trescuatro, cincoseisiete es endecasílabo perfecto y heroico. ¿Y dice algo? Nada, está vacío de significado y, por lo mismo, de poesía. Tampoco muestra un hallazgo rítmico, el de otro sinsentido: Sóngoro cosongo, de Nicolás Guillén anuncia timbales y ritmos afrocubanos.

Vargas llama a los endecasílabos de Juan Gabriel en Amor eterno perfectos y heroicos. De nuevo: confía en el asombro de sus rústicos porque los términos no significan lo que todo el mundo sabe, así como “número imaginario” no es el que imaginamos, ni “momento” es en física igual a “espérame un momento”; por eso prefiero escribir moméntum. Así pues perfecto sólo se refiere a que las sílabas acentuadas son la sexta y décima; heroico hace pensar en Aquiles y la guerra de Troya, pero sólo es que también la segunda sílaba está acentuada. Pudo ponerle más crema a ese taco ya sobradito llamándolo heroico puro, o derivar de la versificación griega y latina clásicas trocaico o yámbico, según sea par o impar la sílaba tónica.
¿Y eso añade belleza al verso? No. Sólo es herramienta para el estudioso del verso, no tanto para el poeta. Y deja uno muy buena impresión, como Dulcamara, el vendedor de un elíxir que provoca al instante el amor de quien lo bebe hacia quien lo dio a beber. Se planta en la plaza del pueblo y clama:

Udite, udite, o rustici
attenti non fiatate.

Io già suppongo e immagino
che al par di me sappiate
ch’io sono quel gran medico,
dottore enciclopedico
chiamato Dulcamara,
la cui virtù preclara
e i portenti infiniti
son noti in tutto il mondo… e in altri siti.
Los portentos del dottore Dulcamara son notorios en todo el mundo… y en otros sitios.
L’Elisir d’Amore, de Donizetti. Un aria divertida que llevaría horas analizar con el detalle que despierta Amor eterno. Oh, sí.
Esto no quita un ápice de mi emoción al escuchar “Se me olvidó otra vez”, y no necesito negar el notorio traspié sintáctico en los heptasílabos consonantes en 2 y 4, libres en 1 y 3:

No me he querido ir
para ver si algún día
que tú quieras volver
me encuentres todavía…

Desde España y México hasta Chile y Argentina, los hispanohablantes diríamos: no me he querido ir para ver si me encuentras todavía. Y joteando un mucho se puede lograr la rima consonante en 1 y 3 si decimos: que tú quieras volvir…
En cuanto al ejemplo C, si le debo resolver una duda hemos perdido el tiempo.

Puede disimular el vacío o la trivialidad el análisis de un poema o letra de canción con términos técnicos: endecasílabos, hemistiquios, alejandrinos, encabalgamientos; toda esa parafernalia técnica puede ocultar el asunto mismo que es la pobreza poética, aunque la forma sea correcta. Analizar una canción diciendo que la primera estrofa está formada por versos yámbicos, pentasílabos, en rimas consonantes B-D-F, E-G, con A-C libres y un puente trocaico, octosílabo, el más usual del verso castellano desde el siglo XIV, suena a alta poesía:

A. Allá en la fuente
B. había un chorrito
C. se hacía grandote
D. se hacía chiquito:
E. Estaba de mal humor,
F. pobre chorrito,
G. tenía calor.

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